Los brisqueros de la O'Higgins



Desde que pisé el puerto por primera vez, que los veo.

Impajaritablemente están ahí, en la Plaza O'Higgins, como si se tratara de un compromiso impostergable.

Las primeras mesas se comienzan a instalar desde las 8 de la mañana y, de lunes a domingo hasta que cae el sol, los jugadores de brisca hacen patria y tradición al calor de la amistad, hasta que el viento, el frío o la llovizna hace lo suyo en la piel y en los huesos.

Por Angela Barraza

8 de la mañana y hay que ir a dejar a los chicos al cole. Corriendo por Uruguay hacia abajo uno ve cómo el sector del Almendral comienza a cobrar vida mientras el sol se levanta. Los primeros comerciantes hacen lo suyo poniendo sus paños en el suelo y disponiendo cuidadosamente su mercancía, se ordenan en este tránsito caótico y bullicioso. Al llegar a plaza O'Higgins, un señor de mediana estatura y con una boina muy estilo irlandés, abre un carro azul y comienza a disponer mesas cuidadosamente elaboradas con paños y elásticos para la brisca.

Todos los días, y al paso de las estaciones, el ritual se repite: otoño, invierno, primavera y verano. La premisa es clara: la brisca no se detiene.

Motivada por descubrir la orgánica que los hace salir de casa y juntarse en cada partida, tímidamente y pensando en que no se me vayan a espantar los caballeros, me acerqué al señor de boina.

Don Manuel Galleguillos, lejos de extrañarse, rápidamente entra en la conversa: este club lleva muchos años y acá nos cuidamos todos en un ambiente de respeto me indica muy orgulloso. La palabra respeto parece ser la clave de su orgullo.

Plaza Ohiggins, Valparaíso
Sentado a la mesa, don Manuel Galleguillos. A la derecha, don Aldo Godoy / Plaza Ohiggins, Valparaíso

Oiga, don Manuel, le podría hacer una entrevistita? No mijita, pa eso está el presidente subrogante, porque el presidente está muy enfermo indica con pesar, hable con don Leo, que está ahí jugando. Espérelo un poquito. Don Manuel apunta una cabeza cana, una camisa impecablemente limpia y planchada. Don Leo está profundamente concentrado en su partida y se me aconchan los meados. Pienso: si le cago el juego, capaz que me agarre mala. Mejor espero.

Brisqueros de la Plaza O'Higgins

Mientras intento decodificar el juego en el cual soy completamente ignorante, don Manuel se acerca y amablemente me dice que no es de mala gente que no me da la entrevista, sino porque aprendió a leer después de los 20 y no se siente calificado para ser portavoz de nadie. Lo amé.

Terminada la mano de don Leo, don Manuel se acerca, le dice un par de cosas y lo reemplaza en la silla.

Don Leonardo Saavedra se acerca. Tiene uno de los rostros más amables que he visto en años, una voz calma y una locución que ya se la quisiera cualquier trabajador radial. Le explico más o menos quien soy y a lo que vengo. ¡Por supuesto que sí, chiquilla!, ven mañana que tenemos torneo y van a estar todos. Es el ultimo viernes del mes y es el evento más importante del club.

Otro de los clubes de brisca que conviven en la O'higgins

Plaza O'Higgins, 5 y media de la tarde y las mesas hierven. Cerca de 70 o más personas sentadas y de pie están para el evento. Don Leo no ha llegado pero me dijo: si yo no estoy, habla con Alfredo Gómez o Aldo Godoy.

Como no los conozco, me acerco a la mesa donde están inscribiendo las partidas. Pregunto, pero nada es menos importante que yo en este momento. Megáfono en mano, un señor anuncia las mesas y jugadores, reparte cartillas, escribe cosas. Se trata de don Alfredo Gómez quien, con extrema destreza organiza rápida y eficientemente el mambo. Mejor me corro.

Los que no quieren foto, no se oponen. Sólo se tapan la cara o se mueven del lugar sin protesta, como se ve en la foto. Ellos no forman parte del club de brisca Tercera Edad y, aún así, fueron sorprendentemente amables.

Saco la cámara y pregunto si puedo hacer fotos. Nadie se opone. El que no quiere, simplemente se corre o se tapa la cara. Algunos piden, otros posan. Otros están tan concentrados que ni siquiera notan mi presencia.



Un señor muy alto, impecablemente vestido, me mete conversa. Retirado de la armada, me dice que se llama Sergio y le pregunto por su experiencia en el club. Destaca también de su experiencia, el clima de respeto que se vive. Acá se pasa el día de forma entretenida. Nos hacemos amigos y no nos morimos solos en casa. Oiga, pero si pasa el día fuera de casa, la señora no se molesta? Por el contrario! (Se ríe). Una mujer nos interrumpe en la conversación. Indica que es profesora de educación general básica, algo comenta de su padre y así como llegó, se va. Sólo quería hablar con alguien.

De pronto se acerca don Aldo Godoy. Es un hombre joven en comparación al resto y me invita a tomar asiento en la mesa 04, junto a don Jorge Díaz quien también es Director del club "Tercera Edad".

Se izquierda a derecha: Antonio Rosas, José Cañas, Juana Vásquez, Aldo Godoy, Alfredo Gómez y Jorge Díaz

Parte don Aldo lanzando una sentencia que me sobrecoge el corazón: Este club a mí me salvó la vida. Estaba atravesando por una depresión severa cuando llegué al club y me hice simpatizante ¿Simpatizante? Es que acá hay miembros y simpatizantes. Uno tiene que conocer primero a quienes van a entrar y no todos tienen el mismo compromiso. Entonces, ¿hay un criterio de selección para entrar? Por supuesto que sí. Es que no todos los clubes de brisca son iguales y hay uno para cada tipo de persona. Acá somos tercera edad y nos gusta tener un ambiente tranquilo, sin groserías, donde podamos confiar el uno en el otro. Acá hay tradición. La condición principal es ser una persona honrada. 


Jugador de brisca en Plaza O'Higgins

Permítame una preguntita, don Aldo, entendiendo que son personas mayores, imagino que -como club- también deben lamentar decesos, más que en otras instancias. Claro. El año pasado tuvimos que lamentar dos fallecimientos. Tenemos una tradición al respecto que es muy linda ya que cuando muere un miembro, la carroza pasa por Pedro Montt o Uruguay y nos paramos todos, dando la despedida. Sacamos el estandarte mientras suenan las bocinas. Es bien emocionante. Pero eso no es todo, también se nos enferma gente y tenemos comisión de enfermos. Vamos a ver a las familias, se hacen colectas para dar algún apoyo. Es que aquí tenemos un reglamento interno y somos ordenados. Tenemos personalidad jurídica y un compromiso por mantenerla. Por eso, acá no se permite copete ni pitos. Acá somos fumadores empedernidos pero no tenemos más vicios porque una cosa lleva a la otra y no queremos peleas ni nada que afecte a nuestra buena convivencia.

De pronto llega un cafecito calientito. Don Aldo invita y llega a la mesa. Yo me siento como una reina y lo agradezco porque corre un viento de esos de 3 días, que empujan cerro abajo, prestan resistencia cerro arriba y hacen sonar los techos.

De pronto suena otra vez el megáfono y todo parte otra vez. Son menos mesas esta vez, pero con público y un caballero, cartilla en mano, nos pide la mesa. Automáticamente nos levantamos y buscamos otra mesa, con algo del sol que va quedando.

¿Y las mujeres? La verdad es que van y vienen. Son bienvenidas todas, pero hemos tenido algunos problemas, entonces, son poquitas y han ido rotando. Había una que era muy buena pa la chuchá y la tuvimos que echar, porque no queremos eso. Actualmente hay 3 mujeres y tenemos una cuarta que está por ingresar al club. Justo se acerca Gloria y algo comenta de la lota del miércoles. Justo estábamos hablando de ti! Ella es la cuarta. 


Ella es Gloria

A don Aldo le toca jugar y se va. Mientras tanto, converso con Gloria quien destaca lo mismo que el resto del grupo: acá hay buena gente. Lo pasamos bien, sin sobresaltos. Incluso nos dan mercadería, alimentos no perecibles y en septiembre y en diciembre, las recaudaciones del club se reparten equitativamente entre los socios, como una suerte de aguinaldo. ¡Si hay hasta paseos! Es muy lindo lo que hay acá y hay que cuidarlo. 


De reojo, hace rato veo un traje celeste y unas botas blancas.  Está sentada de espaldas y luce un moño vistoso. ¿Gloria, quién es ella? He hablado con casi puros hombres y quiero el poder femenino cuando hable de esto. Ella es la Nani, espera, que te la llamo al tiro. Allá parte Gloria y Nani se arrima a la mesa. Me cuenta que hace años que participa con los brisqueros porque es vecina de la plaza y su papá le enseñó a jugar de chiquitita: Tenía apenas 8 años y me acuerdo clarito.

Algo me parece conocido de la Nani ¿Cuál es tu nombre? Adriana Castillo me llamo yo y soy voluntaria de las damas de azul del Van Buren. ¡Eso era! hace rato que estoy segura de conocerte, pero no sabía de dónde. Hace poco operaron a un familiar en el hospital y tú me ayudaste. Me acuerdo clarito, chiquilla. Tu marido estaba en la primera cama, justo en la ventana. Mira las vueltas de la vida, donde nos vinimos a conocer y a encontrar.


Adriana Castillo, "La Nani" es voluntaria del Hospital Van Buren y tiene los ojos más lindos de Valpo.

Gloria nos mira contenta. Comentamos sobre lo pequeño que es Valpo. Si el mundo es un pañuelo, Valparaíso viene a ser una puntada. Cómo no encontrarse.

En eso, un tipo joven pasa con un canasto gritando fuerte "¡LAS NAGÜE, LAS NAGÜÉ! y se instala en una de las mesas. Son varios los concurrentes al campeonato que se le acercan. Abre su canasto y aparecen tortillas de rescoldo calientitas. Gloria compra 10 y me regala una. Son una maravilla. Es que las hace el papá. Son las mejores del sector, así que si quieres comprar, tienes que asegurarte que sean "las nagüe". Pasan otros, pero no es lo mismo. Él se llama Luis y trae las mejores. Ahora yo misma puedo dar fe de aquello.

Luis, vendedor de las mejores tortillas de rescoldo del puerto. Su canto son ¡Las nagüe!

El viento sigue sin dar tregua. Está heladísimo. El verano ha traído consigo días grises y llovizna. El sol sale después de las 3 de la tarde en la mayoría de los días hasta ahora y alguien comenta a lo lejos que está el fenómeno de "La Niña". Pienso: tengo 33 y tengo fríos hasta los bolsillos. Estar en la calle a edad avanzada es rudo y no le hace nada bien a esta gente que tiene que cuidar los años que le quedan. Eso me entristece, pero justo llega don Leo a mi rescate y se sienta con nosotras.

La verdad don Leo es que ya tengo casi todo el material que necesito. Me falta la fecha de fundación del club ya que hay opiniones divididas. Unos dicen que funciona desde fines de los 70, otros de los 80 e incluso me han dicho que tiene el club como 20 años, lo que indicaría la data más o menos de fines de los 90. Pareciera que para muchos parte el club cuando ellos llegan. Lo cierto es que comenzó décadas antes de la adquisición de su personalidad jurídica, el 3 de enero del 2000.



Oiga, don Leo, hace un rato andaban buscando lápices. Me late que les deben faltar algunas cosas para el correcto funcionamiento operativo de tan noble causa. ¿Me cuenta en qué puede colaborar uno para ser de ayuda? En efecto, hay cosas que siempre se agradecen. Bolsas de aseo que sean grandes, para mantener nuestro espacio, que es de todos, limpiecito. También faltan siempre lápices, resmas de papel para hacer las cartillas, baldes grandes de pintura para usar de basurero, barajas de  naipe español y alimentos no perecibles. Cualquiera de esas cosas se agradecerían profundamente. 

Justo se acaba la última mesa del torneo. La final, de donde salen los ganadores. No me di ni cuenta cuando don Manuel guardó todo alrededor y somos las últimas dos mesas que quedan. Como buen presidente, don Leo tiene que entregar los premios.

Los ganadores, sin ningún aspaviento guardan sus premios en el bolsillo y se marchan como si nada.

El sol también se va y mi cuerpecito frío hasta lo agradece un poco, aunque, honestamente, no me quiero ir.

Nos despedimos los que quedamos, con un tremendo abrazo.

Don Manuel se acerca a buscar las sillas y yo le llevo la mesa hasta el carro. Termina por explicarme la orgánica de guardado que es toda una ciencia.

Un nuevo abrazo y "pa la casa". Seguro que mañana nos volvemos a ver.






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Subido por Angela Barraza

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